Antes de mover un tabique revisamos planos municipales, medimos en obra y armamos un presupuesto desglosado por rubro. Acá explicamos el orden real de las etapas, qué se define en cada una y hasta dónde conviene seguir viviendo en el departamento.
Lo que sigue no es un cronograma ideal: es el recorrido que usamos en departamentos antiguos, casas de barrio y locales chicos, con sus tiempos muertos y sus ajustes sobre la marcha.
Antes de firmar el desglose por rubro, conviene aclarar tres puntos que suelen generar discusiones a mitad de obra.
Cualquier duda sobre estos tres puntos se resuelve en la reunión de relevamiento, antes de que arranque la obra.
Un orden de trabajo que ya probamos en departamentos antiguos de Villa Crespo, casas de barrio en Villa Urquiza y locales chicos de Palermo. Cada etapa cierra con algo concreto antes de abrir la siguiente.
Vamos al departamento o la casa con cinta, nivel y cámara. Anotamos medidas reales de ambientes, alturas de dinteles y ubicación de caños y tomas. Si hay planos municipales, los cruzamos con lo que encontramos en obra: casi siempre hay diferencias entre el papel y la pared.
Armamos una carpeta con muestras de microcemento, petiribí y encino, más recortes de iluminación técnica. Sobre esa base dibujamos dos o tres alternativas de distribución: qué muro se abre, dónde va el bajo mesada, cómo se resuelve el placar de piso a techo. Se discute en mesa, no por mail.
El presupuesto sale separado por rubro: demolición, albañilería, plomería, electricidad, carpintería de madera, carpintería de aluminio, pintura. Cada rubro tiene su fecha estimada de entrada y salida. Ahí se ve qué se puede hacer en paralelo y qué no, para no tener tres gremios pisándose en el mismo ambiente.
Coordinamos por ambiente, no por gremio. Se cierra la cocina antes de arrancar el baño, se deja un baño funcionando mientras se rehace el otro. Las entregas parciales se acuerdan al inicio y se respetan salvo imprevisto estructural, que se avisa el mismo día que aparece.
Las últimas dos semanas son de detalle: regular rieles y luces lineales, calibrar herrajes de placares, retocar juntas de microcemento y revisar el frente de aluminio. Entregamos con un listado de lo que quedó hecho y lo que conviene revisar a los seis meses.